Por Sicilia en tren solar

By 29. abril 2021mayo 23rd, 2021Futuro del turismo

¿Quién soy?

Soy Diseñadora de Impacto Social <– Sí. Vivo y trabajo en Palermo, Sicilia, y me muevo entre Palermo, Múnich, la Toscana y Palermo (mentalmente muy rápido, y físicamente muy lento, en tren). Mi entusiasmo radica en los puntos en los que las cuestiones sociales y medioambientales se entrecruzan, se unen y entran en conflicto, por ejemplo, la transición energética, el rewilding o la renta básica universal.

¿Por qué me interesa el turismo?

Me gusta mucho viajar y lo hago mucho – y despacio. El viajar en sí es mi lugar de descanso personal y de transición mental de un lugar a otro. Mi hogar de elección, Sicilia, vive del turismo. Se ven todo tipo de problemas, desde la escasez de agua en la ciudad cuando llegan cruceros, hasta una economía – y por tanto unos residentes – altamente dependientes de un solo sector. Al mismo tiempo, hay muchas iniciativas que me entusiasman y que, a través del turismo, están cambiando las cosas a mejor. A nivel profesional, actualmente estoy incubando una idea de negocio que crea un impacto positivo para el rewilding en Sicilia a través de experiencias de glamping o camping de lujo. Mi conflicto personal con los viajes es el hecho de volar, algo que a veces es inevitable (me encantaría ir a Japón).

Querida mamá, querido papá:

Estoy de nuevo en el tren camino a Sicilia y por fin tengo tiempo para volver a escribiros. Siempre que me acuerdo de cómo hace 30 años me llamabais loca por estos viajes en tren tengo que reír un poco. Y sí, tal vez lo era un poco. Pero en ese momento también las cosas eran muy diferentes.

¿Recordáis el viaje de Sicilia a Portugal? Me llevó cinco días enteros, y conseguir que lo pagara mi empresa tampoco fue fácil. Y el tren en España, ay dios… con las puertas abiertas y el aire acondicionado roto. En fin, ¡eran otros tiempos! En cualquier caso, el tren nocturno en el que viajo ahora es prácticamente irreconocible. Es un modo de viajar increíblemente cómodo, incluso a mis 60 años. Ay y además tan tranquilo y verde, con su propias placas de energía solar en el techo de los vagones – es realmente increíble que no hayamos pensado en ello antes… Por una parte me da pena no poder parar y comerme una pizza en Nápoles, como solía hacer, pero yendo a esta velocidad no merece la pena. Eso sí, en belleza y tranquilidad – casi parece meditación – el viaje en tren no ha perdido absolutamente nada. Lo que sí ha cambiado es el circundante, hubiera sido impensable ver esto en mi juventud. Cuando asomo la nariz por la ventanilla del tren huele a flores, arbustos, bosques y una maravillosa naturaleza. Oigo rugir a los ciervos y ya tengo ganas de llegar a la costa y ver delfines, ¡por fin el Mediterráneo vuelve a estar totalmente poblado! Eso sí, tuvimos un incidente con un oso a la altura de Roma, y lo cierto es que esto realmente sucede en casi la mitad de los viajes que hago en tren. Se han extendido bastante bien aquí.

¿Recordáis cuando le poníamos nombre a cada uno de los que encontrábamos y salía en el periódico, porque eran una auténtica rareza? En fin, tal vez mi radicalismo viajero de la veintena no fuera necesario, todo ha ido bastante bien al fin y al cabo, pero aún así fue emocionante. Afortunadamente, hay cosas que nunca cambian: el café de los ferrocarriles alemanes, tan amargo y aguado como en los (menos) buenos tiempos.

Mamá, papá, nos vemos muy pronto, la próxima semana estaré – igual que esta carta – offline. 

Hanna

– Versión original: Alemán –

Los deseos tras el futuro preferible:

1. “Mi esperanza para el turismo del futuro es que…

aporte experiencias valiosas tanto a viajeros como a anfitriones, que haga que la naturaleza sea cada vez un poco más curativa, que la experiencia del viaje forme parte de él y que todo el mundo pueda permitírselo – financiera, temporal y culturalmente.

2. “Si pudiera desear cualquier cosa…

desearía que viajando, también se pudiera salvar el mundo.

3. “Si tuviera un cargo político con mucho poder…

introduciría un impuesto sobre la naturaleza en todas las actividades de viajes y turismo; promulgaría una ley de “turismo de impacto positivo”; promovería el turismo local; ampliaría y electrificaría la red ferroviaria en Europa; introduciría una asignación de “vacaciones de impacto” por parte del empleador; y también una semana de cuatro días (así nadie tendría que relajarse tanto en sus vacaciones en Tailandia).

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