Viajar en tren es como unas vacaciones cortas

¿Quién soy?

Tengo 27 años y estudio diseño transformativo en la HBK de Braunschweig. A causa de la pandemia, hace poco volví a casa de mis padres en Düsseldorf, desde donde trabajo en mi trabajo de fin de máster mientras disfruto cultivando mis propias verduras en el jardín.

¿Por qué me interesa el turismo?

Me encanta viajar, conocer nuevas personas, culturas y gastronomías. Sin embargo, desde hace relativamente poco, veo el viajar – especialmente los vuelos – de manera muy crítica, por lo que pienso en destinos de viaje más cercanos e intento hacer un turismo y unas vacaciones más sostenibles, en mi propio país.

Querido Ramón:

Han pasado muchas cosas desde que nos vimos en Coblenza hace dos semanas: de vuelta a Lisboa hice un pequeño desvío hacia París para visitar a Anke y Alex. Allí cogí por primera vez el tren exprés no-contaminante del que me hablaste, el que tiene el tejado sobredimensionado y esa nueva tecnología que aún no entiendo del todo. Pero tenías razón: en menos de una hora estaba en París y el paseo por las nuevas reservas naturales me dio la sensación de estar en una especie de vacaciones cortas. La naturaleza era asombrosa y, a pesar de la velocidad del tren, tranquilizaba e inspiraba. Además, el tren era tan silencioso que se podía oír el ruido de las cascadas e incluso el piar de los pájaros que me acompañaban desde fuera de la ventana durante el viaje.

París también ha cambiado: las calles son más tranquilas y verdes, hay gente por todas partes, paseando por los parques y cenando en grupos en mesas largas en plena calle. Todo el mundo es bienvenido y se cuentan historias, se toca música y se baila y se ríe. Cada día se siente como una fiesta en familia, incluso cuando se está rodeado de extraños. He hecho muchos amigos nuevos e incluso he encontrado un nuevo socio comercial para el proyecto en el que estoy trabajando ahora. La mujer con la que me quedé, una vecina de Anke y Alex, me dio un plantón de su tomatera como regalo de despedida.

Cuando por fin llegué en tren a Lisboa (esta vez en el expreso viejo, el de cero emisiones que hace un zumbido monótono por los paneles solares), tuve un breve déjà vu de cuando estuve en Lisboa por primera vez:  estando de pie frente al albergue, me asusté en el momento en que un avión pasó muy bajo sobre mi cabeza. Aunque el avión había dado señas de que venía con un ruido de zumbido, me estremecí brevemente al verlo aparecer, tan enorme, entre los estrechos callejones del cielo. Parecía tan tangiblemente cercano… Al cabo de unas semanas me acostumbré a que los aviones pasaran a baja altura varias veces al día. Ahora estoy sentada en mi balcón – junto con mi nueva planta de tomates – y el cielo está azul y claro. Ni una estela a la vista. Apenas recuerdo la última vez que vi un avión, y mucho menos cuándo escuché el rugido… ¿Recuerdas la última vez que volaste? Debe haber sido hace años. Desde luego, yo no lo echo nada de menos. Sólo el trayecto de Coblenza a París me dio mucha paz y me inspiró, y en el camino a través de España tuve un montón de tiempo para dar rienda suelta a mis pensamientos y repasar todos los encuentros y experiencias inspiradoras que había tenido. He visto y aprendido mucho y estoy deseando incorporarlo todo a mi trabajo.

El proyecto en el que estoy trabajando aquí debería terminar en unos tres meses. Acabará entonces también mi   viaje y volveré a Alemania. Al menos hasta que me traslade de nuevo a otro lugar. ¡Espero volver a verte pronto!

Todo lo mejor,

Eva

– Versión original: Alemán –

Los deseos tras el futuro preferible:

1. “Mi esperanza para el turismo del futuro es que…

ya no se entienda como un derecho o como una escapada de la estresante vida cotidiana (“Trabajo 40 horas a la semana, tengo derecho a 2 semanas de vacaciones en Mallorca y a no hacer nada…”). En vez de eso, el turismo debería verse como un viaje consciente a un país de acogida (o ciudad/estado de acogida), una visita a amigos aún desconocidos. Como un viaje de exploración, como una oportunidad para aprender unos de otros, para conocerse e intercambiar ideas.

2. “Si pudiera desear cualquier cosa…

me gustaría poder transportarme a otros lugares. Sin tener que subirme a un avión, sin presiones de tiempo ni restricciones financieras, para poder viajar de forma climáticamente neutra. Desayunar con mis padres en Düsseldorf, trabajar en Lisboa, visitar a amigos en Nueva Zelanda y Corea del Sur durante el fin de semana, y hacer una barbacoa con vistas al mar con los vecinos en Croacia. …aunque eso conlleva el riesgo de tener una vida muy acelerada y agitada, y en realidad disfruto mucho de los viajes largos en tren.

3. “Si tuviera un cargo político con mucho poder…

apoyaría y promovería el negocio de pequeñas pensiones familiares, los hoteles y albergues con conceptos sostenibles y el alojamiento en familias de acogida. Ampliaría el transporte público local y de larga distancia. Eliminaría gradualmente el transporte privado motorizado, los vuelos nacionales y de corta distancia, y los cruceros. Lanzaría campañas para los viajes nacionales. Ampliaría parques y otros lugares de recreo en cada ciudad, aumentando la calidad de vida en las ciudades: La gente podría pasar sus “vacaciones recreativas” en su propia ciudad, o al menos en su propio país. Los viajes serían entonces más deliberados, con un destino específico y predominantemente en tren o barco. Los vuelos serían la excepción y no la regla, y sólo se justificarían en caso de distancias largas y estancias prolongadas.

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